Gracias al estudio realizado por el profesor José Javier Pérez Barea podemos plantear, con los significativos datos que han respaldado su tesis «La preocupación medioambiental como antecedente del consumo socialmente responsable», la siguiente cuestión: ¿existe un prototipo o perfil concreto para un consumidor social o ecológicamente responsable?

En primer lugar, el profesor Pérez Barea lograr concluir que, teniendo en consideración los resultados obtenidos y los umbrales de significación descritos en el estudio, se comprobó que las variables sexo, edad, nivel de estudios y pertenencia a una ONG ejercían un efecto directo significativo en todas las dimensiones de las elecciones de compra socialmente responsables. El profesor consigue afirmar que las mujeres realizan elecciones de compras socialmente responsables de un modo más significativo que los hombres, mientras que las personas de avanzada edad (a partir de 45 años) eran las que más participaban en este tipo de acciones y las personas con un menor nivel de estudios apoyan en mayor medida a empresas pequeñas o con una causa responsable, así como lo hacen los pertenecientes a una ONG. Por otro lado, factores como la ideología o la posición social no se mostraron claramente decisivos en este aspecto.

También se estudió la siguiente hipótesis: «hay factores psico-socio-demográficos que moderan la relación entre la preocupación medioambiental y las elecciones de compra socialmente responsables». En este supuesto, no se pudo aceptar dicha tesis al haber numerosas formas de actuar de forma responsable y muchas incongruencias en las actuaciones de la mayoría de los sujetos estudiados. Según afirma el el profesor: «se acepta que se dan elecciones de compra incoherentes en cuanto a la responsabilidad asumida en las diferentes manifestaciones del SRC. En conclusión, no parece existir, en la mente de los consumidores, una única dirección en la que expresar su responsabilidad a la hora de consumir, lo cual puede ser reflejo de la ambigüedad del concepto o de la dificultad para compatibilizar en algunos casos el compromiso con diferentes dominios que pueden en algunos momentos entrar en cierta contradicción. Todo esto puede ser expresión de un consumidor en la era posmodernista».

Por otro lado, se trató de demostrar la siguiente idea: «La preocupación medioambiental es un antecedente de las elecciones de compra socialmente responsables», la cual fue mínimamente aceptada dado que tan solo algunos aspectos del estudio respaldaban la teoría, mientras que la gran mayoría de ellos no lo hacían. Pérez Barea afirma que «la preocupación medioambiental en sí misma no genera un consumo más socialmente responsable. Sólamente cuando esta se concibe como la necesidad de que toda la sociedad, individuos e instituciones, se implique corresponsablemente en el cuidado ambiental, se convierte en una actitud que puede dar lugar a comportamientos de consumo responsable». Por lo que, para que esta hipótesis resultase certera, «tendría que implicarse toda la sociedad al completo para hacerla posible».

Tras todo esto, se llegó a la conclusión de que «no parece existir un perfil claro del consumidor socialmente responsable», así como tampoco «existe una idea homogénea de lo que significa un comportamiento de compra responsable», ni tampoco «qué serie de actos lo componen de forma imprescindible».